Archivos Mensuales: noviembre 2011

Serie Puros Cuentos Narración: “Nueve mil setecientos kilómetros a través de la India” Capítulo XXII: “DESAYUNO CON SAHAJA”

Serie Puros Cuentos Narración: “Nueve mil setecientos kilómetros a través de la India” Capítulo XXII: “DESAYUNO CON SAHAJA”

Serie Puros Cuentos  Narración

“Nueve mil setecientos kilómetros a través de la India”  

Capítulo XXII:

“DESAYUNO CON  SAHAJA”

__ Hola buenos días, se escuchó decir a Sahaja, mientras se acercaba muy risueña a la mesa donde departían sus amigos.

__ Vaya, me parece que ésta otra vez no te ido tan mal ¿verdad?, le contestó Nerodi, el viejo propietario de aquel rústico y pequeño hotel, quien ya estaba acostumbrado a verla desaparecer por las noches hacia la profundidad del bosque, a donde iba en busca del monasterio, para luego recibirla de nuevo en su hotel muy al inicio del día siguiente de su partida.

_ ¿Por qué me preguntas eso?, respondió Sahaja, mientras arrimaba una silla a la mesa con un gesto rápido y elegante.

__ Vienes muy sonriente, como si no hubieses caminado largas distancias entre la selva y como si no te hubieses desvelado suficiente anoche.

__ Bueno, tu ya sabes de que se trata todo ésto…pura potencia volitiva… nada que tu no sepas, dijo Sahaja, mientras extendía galantemente su mano en señal de saludo a sus nuevos amigos.

Por unos instantes se hizo un breve e incómodo silencio en aquella pequeña  mesa, donde estaban atestados numerosas tazas de café humeante y varios platillos con huevos fritos. Departían allí el viajero, su amigo Robert y Nerodi, en su doble función de propietario del establecimiento y anfitrión de aquellos personajes que apenas recién acababan de llegar un día atrás.

¿Qué les pasa a mis amigos?, ¿Porqué amanecieron tan callados?, se escuchó decir a Sahaja, inquiriendo y dirigiéndose con la mirada hacia Nerodi.

__ En realidad estaban muy hablantines pero apenas llegaste tú y enmudecieron, como si hubieran visto aparecer a un fantasma, dijo Nerodi.

__ ¡Ajá muchachos, cuéntenme que les pasa!, contestó Sahaja, ésta vez mirando fijamente al viajero y a su amigo Robert.

__ ¿Estuviste anoche en nuestra habitación, verdad?, le preguntó el viajero a la joven, mientras daba un sorbo a su bebida.

Al escuchar aquello Sahaja ni se inmutó. Sólo esbozó una leve sonrisa y con un ademán pidió a Nerodi que le sirviera un poco de café caliente.

__Te vimos añoche, cuando entraste a nuestra habitación y nos curaste, intervino Robert, que había permanecido en completo silencio.

__ ¿De qué están hablando?,  no entiendo nada, respondió escuetamente Sahaja.

__ Ellos están asombrados… es más, creo que están asustados, dijo Nerodi.

Sahaja hacía como que no era con ella. Se concentraba en untar un poco de mermelada en una pequeña pieza de pan tostado que encontró en el centro de la mesa.

__Yo no sé qué les hiciste anoche, pero lo cierto es que ésta mañana nuestros amigos viajeros amanecieron como nuevos… cualquiera que los viera ahorita ni siquiera se imaginaría que hace pocas horas estaban agonizando en sus camas, delirando con la “optogenética” y otras frases incoherentes, se escuchó comentar al viejo Nerodi.

__ ¿Optogenética?, ¿Qué es eso?, preguntó Sahaja, mientras fruncia el ceño.

__¿No sé, pregúntale a Robert, quien repetía esa frase anoche, cuando yo entré a media noche apagar las luces de su habitación.

__ Es una técnica recién creada y aplicada por científicos de la Universidad de Stanford, que se usa para identificar con precisión los circuitos neuronales responsables de la ansiedad, respondió Robert muy seriamente.

__Ah, entonces parece que al fin la neurociencia descubrió los vasanas, dijo Sahaja, en un tono levemente irónico.

__¿Vasanas?, preguntó Robert, intrigado y con cierto desdén, pero con el rostro encendido, completamente enrojecido como un tomate.

Al observar los demás la súbita e inesperada reacción de Robert se hizo un breve silencio en la mesa, mientras aquellos comensales entrecruzaban rápidas miradas, como preguntándose entre ellos si aquel enrojecimiento se debía a un sentimiento de verguenza o de cólera.

__Sí, los vasanas, los samskaras de la milenaria tradición védica y upanishadica, que son explorados a través de la meditación, contestó Sahaja, mostrando un brillo especialmente intenso en sus negros y rasgados ojos nipones.

__ No confundamos las cosas, yo estoy habando de ciencia no de religión, se escuchó responder a Robert, ésta vez en un inconfundible tono molesto.

__Pues precisamente a eso me estoy refiriendo, a la meditación, que también es una técnica de exploración de impregnaciones, residuos y latencias que la psicologia de lo profundo designa como estructuraciones del subconsciente…perdona que te lo diga Robert, pero en cuestión de técnicas de conocimiento de la conciencia todavía no hay nada nuevo bajo el sol, dijo Sahaja, en tono amable pero firme.

__Mejor mira ésto, te ayudará más que diez mil horas de meditación profunda, le dijo Robert, al tiempo que alargaba su brazo para entregarle un libro que él tenía entre las piernas mientras desayunaba.

__ “El cerebro de Dios”, leyó Sahaja en voz alta, mientras lo tomaba entre sus dedos.

_-Lee la frase que está en la contraportada…le dijo Robert.

__ “La religiosidad y el sentido de la auto-trascendencia dependen de las áreas parietales posteriores del cerebro, sostienen en éste libro científicos de la Universidad italiana de Udine”.

__ ¿Y qué con eso? La conciencia cósmica y universal, la divinidad no está atrapada en las cuatro redes sinápticas y neuronales de éstos científicos…la mente es el origen del cosmos y rige la materia, respondió Sahaja, levantando levemente los hombros mientras le devolvía el libro a Robert.

__ Bueno, yo en lo personal no estoy de acuerdo con ninguno de ustedes dos, se escuchó decir al viajero, terciando en la plática e interrumpiendo su desacostumbrado silencio.  Yo no creo que se la materia, lo físico, lo determinante de todo, pero tampoco creo que la mente lo sea.

__Explícate un poco mejor, dijo Sahaja al viajero, adelantándose al mismo requerimiento que en ése instante llegó a la mente de Robert.

__Yo considero que todo está interpenetrado, que lo determinante ocurre en la zona interfronteriza existente entre lo físico y lo psíquico, y para el caso del ser humano, ese punto de interpenetración entre lo fisiológico y lo psicológico está en el sistema límbico, contestó el viajero.

__ “La caja de pandora” de los antiguos griegos, dijo Nerudi, quien hasta ése momento permanecía callado y muy atento a lo que allí se discutía.

__Exacto, me refiero a la sombra, el inconsciente somático como Jung le denominaba a esa zona especial, respondió el viajero.

__ Yo también muchas veces le he dado infinidad de vueltas a ése asunto y he terminado aterrizando en la conclusión de que no es la materia ni la mente o el espíritu lo que rige el universo, si no más bien es la energía lo supremo… pues como me decía mi padre, quien era un indú seguidor de la escuela Lokayata, allí donde hay energía hay información, y donde hay información hay conciencia… y por ello creo que hasta un árbol o una piedra tiene conciencia, en distinto grado a un animal o un ser humano es cierto, pero en todo hay conciencia, sentenció el propietario del hotel, quien en al llegar a ése punto de su discurso estaba en un estado exaltado, casi de semi-trance.

__ ¡Oh no, que terrible! ¡Terrible!, ustedes dos son hilozoistas, yo pensé que eran un poco más inteligentes, pero veo que casi rozan el panteismo, dijo Robert en voz alta, medio en broma y medio en serio.

__ ¿Y para ti, qué soy yo?, preguntó Sahaja al gringo, siguiendo la tónica de la broma en serio.

__ Tú eres una idealista ingenua. Olvidas que si no fuera por tu estructura física, tu edificio óseo, muscular, bioquímico y neuronal no tendrías en éste momento ni cuerdas vocales ni lenguaje ni ninguna posibilidad de expresar tus palabras e ideas, le contestó Robert.

__ Vaya, que fino y diplomático eres Robert, contestó Sahaja en tono irónico.  Pero de todos modos te agradezco tu sinceridad.

__ Estamos entre amigos ¿no es cierto?, dijo Robert, como disculpándose con la joven mujer.

__ Si, tranquilo Robert, yo no estoy molesta, pero ya que tu me calificas de ingenua espiritualista e idealista, dime entonces, cómo es que yo puedo hacer lo que hago… es decir…

__ Estar en dos sitios al mismo tiempo, se apresuró a decir Nerodi, completando la frase que intuyó su amiga iba a pronunciar.

__ Gracias Nerodi.  Exacto, a éso me refiero.

_- Y también la otra pregunta es cómo es que puedes sanar a los amigos… intervino Nerodi de nuevo, mientras veía de reojo al viajero y a su amigo Robert.

__ Eso es cierto Sahaja, éso es exactamente de lo que estábamos hablando justo unos momentos antes de que tú aparecieras ésta mañana, y habíamos acordado preguntártelo pero ya ves, nos pusimos a platicar de otras cosas…dijo el viajero.

__ Es cierto Sahaja, éstos dos hombres juran que te vieron anoche entrar en su habitación. Juran incluso que te pusiste a hacer unos extraños rituales sobre sus cuerpos, e incluso, dicen que antes de que tu salieras de nuevo estuviste hablando con ellos, dijo Nerodi.

__ Está bien Sahaja, depondo por un momento mi escepticismo cientifísta y racionalista y por favor te pido que nos expliques cómo es que tu lograste hacer éso anoche, sabiendo perfectamente que desde antes del anochecer te habías retirado hacia el monasterio del bosque, dijo Robert, cambiando ésta vez el tono de su voz.

__ Está bien, está bien, respondió Sahaja. Yo lo único que les puedo decir es que…

—————-

Fin capítulo XXII

Sergio Barrios E.

Para leer capítulos anteriores ir al siguiente enlace:

http://kultur-tulum.blogspot.com/